¿Hay algo qué celebrar el 15 de mayo?

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La complejidad actual que vivimos, ante un entorno agresivo, vale la pena apostar por una posibilidad, entre tantos personajes, interviene un protagonista singular, existe uno en la vida escolar de las personas, el que convive centenares de días, decenas de años en comunidades de aprendizaje, estimulando la adquisición de hábitos y abonando para la formación de competencias ciudadanas ¡Es el maestro!

Pero no el maestro que se cubre el rostro, acosa y vandaliza, sino a la mujer, al hombre, al ser humano que abraza el compromiso de educar; al profesionista que contribuye en la construcción de conocimientos, desarrollo de competencias, que nutre con valores, actitudes positivas y con su ejemplo al infante o joven que trabajará y cuidará de nuestra vejez.

Hoy día, la imagen del docente tiene muchas tonalidades, algunas opacas, apenas brillantes y escasamente perceptibles. Con el devenir de los años, la concepción y reconocimiento social de la profesión se ha transformado, han trastocado las conductas y valores del magisterio nacional.

Hoy en día, el magisterio se encuentra en una etapa de desajuste, asimilación y acomodación interna. La realidad, es que la reforma educativa tiene todo menos lo de educativa: más bien es una reforma laboral aplicada al docente. Y las autoridades desconocen la realidad, neta y tangible de lo que ocurre en las aulas y que con los maestros lidiamos a diario; la escuela es para sembrar conocimiento, pero los valores son y se dan en casa; las escuelas no son guarderías, son centros de saber.

¿Qué celebrar el 15 de mayo? Seguramente, los motivos son diversos. Cada persona tiene su propia respuesta. Por ejemplo, entre lo que piensa un alumno de primaria y un adolescente de secundaria hay diferencias. Un joven de bachillerato, adulto universitario, ¡qué pensar de las opiniones de los padres de familia! Cada quien tiene una opinión del maestro. Hasta entre compañeros tenemos diversas opiniones… se ha tornado demasiado difícil.

Ni que decir de las encuestas de opinión pagadas por televisoras, reportajes oficiales o las notas periodísticas que inundan medios impresos y electrónicos. Todas cada y una de las opiniones tienen una razón y por lo regular buscan desacreditar al magisterio.

¿Quién escucha a los maestros? ¿Alguien les preguntará acerca de sus sentimientos, de sus logros y frustraciones?

Estoy convencido de que el reconocimiento social al desempeño docente y el respeto de padres, colegas y alumnos son muestras de gratitud que la comunidad expresa a quienes ofrecieron enseñanzas, conocimientos, ejemplos positivos y experiencias valiosas para la vida.

Aprender de maestros extraordinarios retroalimenta actitudes y valores. En lo personal, reconozco como las maestras destilan sencillez en su trato, sinceridad en sus palabras y disciplina. Siempre activas, mujeres incansables, generosas, sus pasos conducen a cumplir cabalmente su misión: servir al prójimo.

De los maestros aprecio su calidad humana, férrea convicción por la superación y compromiso por el crecimiento cultural. Son cualidades elogiables. Mi gratitud a todos ellos.

Maestras y maestros, su pasión por la docencia y el cumplimiento en su trabajo nos convierte en figuras irreemplazables, educadores que dejan huella, porque permanecen en la memoria y en el corazón.

A través de estas líneas expreso admiración sincera y respeto a mis colegas, a los maestros que somos comprometidos con la profesión, defensores de los valores morales y entusiastas servidores sociales, porque nuestro ejemplo es luz para quienes ejercen a diario en las aulas, motivan al estudio e impulsan la preparación del niño. Compartimos ideales, coincidimos en el mismo sendero, en los mismos sitios y creemos en la educación ¡Felicidades Maestras y Maestros!

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