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¿Qué más se puede decir de mamá que no se haya dicho antes? A veces las palabras suenan vacías cuando se trata de sentimientos que se escuchan mejor en un abrazo o en una mirada intensa y llena de gratitud. Las madres, se ha dicho, fueron creadas porque Dios no puede estar en todas partes. Y pareciera que sí: ¿o no recuerdan alguna vez en la que ella con sus manos y ‘salivita’ curó algún raspón. Bastaba ver sus ojos tristes, ávidos, para olvidar el dolor y sonreirle.

Otro rasgo ineludible de su procedencia divina es esa facilidad con la que presienten los peligros que acechan a sus hijos. ‘No me gusta ese amigo’, dicen recelosas, y no tarda la traición que dé sustento a su corazonada. No necesitan más que mirarnos un instante para saber que algo nos duele, y con una segunda mirada deducen si el dolor es del alma.

Mil veces se ha hablado del amor maternal y su carácter heróico, infinito. Y cada quien, en algún momento habrá pensado para sí que es cierto, que no hay cosa más grande que ese calor tan dulce que hay en los brazos de mamá, va nuestro reconocimiento a las mamitas en turno vespertino:

(Aquí aparecerán videos de los bailables)